Fotografía: Marvin del Cid
Al caer la noche, un saltacocote (Anolis baleatus) descansa sobre una rama de un árbol de aguacate en Santo Domingo. La pausa permite observar de cerca la textura de sus escamas y las adaptaciones de un lagarto que pasa buena parte de su vida entre troncos y ramas.
Esta especie pertenece al grupo de los anoles gigantes de La Española. Es de hábitos diurnos: durante el día se desplaza, busca alimento y realiza sus interacciones territoriales. Por la noche reduce su actividad y utiliza la vegetación como lugar de descanso.
Sus dedos cuentan con estructuras que facilitan la adherencia a las superficies, mientras sus uñas le ayudan a sujetarse a la corteza. Como otros anoles, utiliza movimientos de cabeza y el despliegue de un pliegue de piel bajo la garganta, llamado papada o abanico gular, para comunicarse con otros individuos.
Su distribución natural se encuentra en República Dominicana y se reproduce mediante huevos. Fotografiarlo en un árbol de la ciudad recuerda que la biodiversidad también está presente en nuestros patios y jardines: conservar árboles es conservar refugios para la fauna que comparte estos espacios con nosotros.

